El punto es un signo generalmente circular de pequeñas dimensiones (.) que señala el final de un enunciado —siempre que este no sea interrogativo ni exclamativo—, de un párrafo o de un texto.
El punto tiene, en principio, dos clases de usos: lingüísticos y no
lingüísticos. Se estudian en este y en el siguiente capítulo los propiamente
lingüísticos, que son los que afectan a la separación de secuencias en la
lengua escrita.
Dentro de la función lingüística, el punto recibe diversos nombres, según el tipo de unidad que delimite: punto y seguido, punto y aparte, y punto final. El punto y seguido.
Se escribe, sin cambio de línea, para separar dos enunciados dentro de un mismo párrafo:
Busca entre sus cosas. Tal vez encuentres algo interesante. A veces guardamos cosas de las que nos habíamos olvidado. El punto y aparte.
Es el que aparece al final de un párrafo, dando paso a un enunciado que inicia un párrafo nuevo. Su misión es, pues, la de separar, dentro de un texto, dos párrafos que desarrollan contenidos o ideas diferentes. El mar estaba embravecido aquel día. Los barcos sorteaban las olas con dificultad, aunque la mayoría de ellos no habían salido a faenar. Miguel, sentado en el muelle, esperaba el regreso de su padre. Atisbaba el horizonte buscando ansioso su barco con la mirada. El punto final.
Se sitúa al final de un escrito o de una división importante de un texto (un capítulo, por ejemplo) para marcar su cierre.
El uso del punto final no ofrece problemas. Sin embargo, la elección
entre el punto y seguido y el punto y aparte tiene que ver en ocasiones con
la jerarquización y organización de las ideas. Se puede establecer una
separación mayor o menor entre distintas partes de un discurso, siempre que
se respeten la claridad y la coherencia. Así, los dos párrafos del ejemplo
citado al hablar del punto y aparte podrían unirse en uno solo, con un punto
y seguido.
Cuando el punto concurre con otros signos que también sirven para cerrar un enunciado, se plantean bastantes dudas, bien en cuanto a la compatibilidad de ambos signos, bien en lo que se refiere al orden que deben adoptar. Posibles dudas en cuanto al uso.
Los signos de interrogación o de exclamación, así como los puntos suspensivos, marcan por sí mismos el cierre del enunciado, lo que hace innecesaria y reiterativa la presencia del punto: ¿Ya decidiste adónde ir? Te propuse ir al teatro, al cine, al concierto... ¡Nos vamos a quedar sin entradas!
Son diferentes los casos en que se interponen otros signos, como paréntesis, corchetes, rayas o comillas. Entonces, sí hay que usar el punto, que cierra el enunciado principal: No hay forma de que se pongan de acuerdo (si vieran el espectáculo que dan...). Posibles dudas en cuanto al orden.
Cuando concurre con el elemento de cierre de un signo doble (comillas, paréntesis, corchetes, rayas), el punto va detrás: Se fue dando un portazo. (Creo que estaba muy alterado). Se llamaba Elvira Muñoz —si no recuerdo mal—. El presidente dijo: «No hay razón para convocar elecciones».
Aun tratándose del cierre de enunciados completos, hay algunos casos
en los que se plantean dudas acerca de si debe emplearse o no el punto.
Estos son algunos de ellos.
Por sus especiales características, algunas secuencias breves que
aparecen aisladas ofrecen dudas acerca de si deben cerrarse o no con un
punto. La norma general es que, cuando aparecen solas en una página o
constituyen el único texto de un renglón, no deben escribirse con punto
final. Entre ellas cabe citar las siguientes:
• Títulos y subtítulos (centrados o no) de libros, artículos, capítulos, obras
de arte, publicaciones periódicas, etc.:
Cien años de soledad
El nacimiento de Venus
• Títulos y cabeceras de cuadros y tablas:
Tabla 1. Clasificación de los signos de puntuación
• Nombres de autor en cubiertas, portadas, prólogos, firmas de documentos,
etc. En definitiva, siempre que aparezcan solos en una línea:
Un cordial saludo,
Luis Pérez
• Direcciones electrónicas. Se emplea el punto para separar los
subdominios, pero no al final del último elemento:
www.excelsior.com.mx
consulta@rae.es
• Índices. Sean de contenidos, de materias, onomásticos, etc., no se escribe
punto al final de cada una de las líneas que los integran:
La conjunción
Conjunciones copulativas
Conjunciones disyuntivas
Conjunciones adversativas
• Eslóganes publicitarios, sobre todo cuando constituyen el único texto de la
línea:
Asturias, paraíso natural; Panamá, la ruta por descubrir
Si el mensaje se compone de dos o más enunciados, con puntuación
interna, el punto final es admisible, aunque no obligatorio:
Nuevo BMW Serie 7. Espíritu de superación.
• Pies de imagen. Los textos que aparecen bajo ilustraciones, fotografías,
diagramas, etc., no se cierran con punto cuando constituyen rótulos o
etiquetas que describen el contenido de dichas imágenes; por ejemplo, si
se escribe debajo de una fotografía periodística algo como lo siguiente:
El primer ministro en su residencia de verano
Puede ponerse, en cambio, cuando el texto es extenso y explicativo,
especialmente cuando presenta puntuación interna. Es, pues, opcional el
uso del punto en un pie de fotografía como este:
El primer ministro británico en su residencia de verano con su homólogo noruego,
acompañados de varios ministros de diversos ramos que dialogan entre ellos.
Fuera del ámbito de la puntuación, el punto se usa, entre otras cosas: • Para marcar las abreviaturas: Sra., n.o, pág., EE. UU. En este caso, al no tratarse de un signo de puntuación propiamente dicho, puede concurrir con otros signos delimitadores, como sucede en el siguiente ejemplo en relación con los dos puntos: Comieron, bebieron, rieron, cantaron, bailaron, etc.: se lo pasaron estupendamente. • En las clasificaciones o enumeraciones en forma de lista, se escribe punto tras el número o la letra que encabeza cada uno de los elementos enumerados: ¿Cuál es la capital de Ohio? a. Cleveland b. Columbus c. Indianápolis En este uso, el punto alterna con el paréntesis. Fuentes consultadas El buen uso del español. RAE. 100 -105